Cuando Steve Jobs y Steve Wozniak crearon su primer ordenador tenían claro que debía ser asequible para todo el mundo (aunque en aquel entonces, el “asequible” de un ordenador era muy distinto del de hoy en día). Posteriormente, cuando Apple se decidió a crear el Macintosh, una de las premisas era también que debía ser un ordenador para todo el mundo. Finalmente, el Macintosh original fue bastante más caro de lo que uno podía esperar de un ordenador “para todo el mundo” (costaba unos 2.500 dólares frente al Apple IIe, el modelo más económico que costaba unos 1.300 dólares).

El problema estaba en que Jobs ha sido siempre un fanático de los productos tecnológicos de la máxima calidad, admirador de los acabados y perfeccionista y quería un producto muy avanzado y perfecto en cada detalle, con lo que la combinación se hacía un poco difícil. Se dice incluso que Jobs, en su época de NeXT, reprendió a los ingenieros de hardware porque el diseño de la placa base del ordenador que estaban preparando (el NeXT Cube) no era elegante ni reflejaba la superioridad tecnológica de la máquina. El ingeniero encargado le preguntó extrañado: “Pero, la placa va dentro del ordenador ¿quién va a ver si es o no elegante?” A lo que Jobs simplemente contestó: “Yo la veré”.

Adiós al argumento del precio

Años después, Apple y Jobs han sabido conjugar su sueño de crear productos de tecnología superiores en prestaciones, facilidad de uso y diseño, y hacerlos asequibles a todo el mundo. Así, Apple está sabiendo renunciar a algunas cosas para hacer sus productos más asequibles. No hay más que ver cómo ha lanzado un Mac para los bolsillos más ajustados, el Mac mini, y una gama iPod con precios escalados de 50 en 50 EUR y a partir de sólo 100 EUR. Sus portátiles tienen un precio muy similar a los del mundo PC… Empieza a ser difícil argumentar razonablemente con el factor precio a la hora de evaluar la diferencia entre un Mac y un PC. Por supuesto, hay ordenadores PC más económicos todavía que el Mac mini y reproductores MP3 más económicos que el iPod, pero si te pones a mirar entre los productos de fabricantes de primera fila, el argumento se empieza a desvanecer.

Es el software, chaval…

Parece que mientras el resto de la industria de la tecnología y el entretenimiento sigue basando sus productos en el hardware, Jobs tiene muy claro que lo que diferencia a un producto es el software, cómo se integra éste con el hardware y el diseño (la usabilidad). Es como las películas de Pixar, ¿dónde está la clave?: guión, guión y guión. Lo que hace distinto a un iPod es iTunes y no que tenga pantalla en color o no sé cuántos gigabytes (bueno, también está la rueda “click wheel”). Las cosas están cambiando y la gente ya no quiere un reproductor de música o una cadena musical que parece el cuadro de mandos de un Boeing 747 sino algo tan sencillo y elegante como un iPod. Los jóvenes de hoy ya no piensan en la ecuación “más botones es mejor”.

Así, Apple ha conseguido encontrar un filón haciendo que la diferencia de sus productos sea un mejor software y una mejor integración con el hardware. Algo que, curiosamente, está en muy buena situación para llevar a cabo y que otras compañías, normalmente centradas en el software o en el hardware, no pueden acometer con la misma efectividad.

¿Adiós al canal Apple tradicional?

Hace algunos años, cuando los ordenadores eran todavía herramientas muy profesionales (y los Mac tenían su época dorada del diseño gráfico y la preimpresión), había una demanda y unos márgenes comerciales lo suficientemente amplios como para que uno sólo necesitase un teléfono y una pequeña oficina en un piso para tener un punto de venta Apple y ganar dinero. Muchas empresas vendían Macintosh, pero pocas como le gusta a Steve Jobs. Por ello, Apple ha tomado la decisión de cortar esa situación e instalar (de momento con gran éxito) sus propias tiendas en EE.UU. y en otros países. En España (como sucede en Francia), ante la imposibilidad de llevar a cabo un movimiento como el de EE.UU (de momento), Apple ha tomado como alternativa reconvertir todo su canal de Apple Centre a imagen y semejanza de las tiendas Apple e ir eliminando a los distribuidores pequeños. Estos Apple Centre, junto con las grandes cadenas (PC City, FNAC, El Corte Inglés, etc.) servirán para acercar el Mac al gran público, mientras que para los profesionales, Apple ha seleccionado una red de distribuidores especializados en distintas áreas como la autoedición, el vídeo o la música.

Dicho así suena perfecto, pero el problema es que por el camino se quedan empresas que se han esforzado durante años para sacar adelante los Mac y que han acumulado muchos conocimientos y clientes. Y el problema no está sólo en los márgenes de los Mac (algo que muchos distribuidores pueden compensar con los mayores márgenes del software, los periféricos, el servicio técnico etc.), sino en que los plazos de entrega de Apple a los distribuidores (no a los Apple Centre) se están alargando tanto y hay tanta falta de disponibilidad de productos que ninguno consigue atender a sus clientes en condiciones. Y todos sabemos que, al final, uno compra muchos periféricos donde compra el Mac y si deja de comprar el Mac a un distribuidor dejará de comprarle los cables, los periféricos, etc. Como es natural, Apple se preocupa de sus Apple Centre y de las cadenas que venden grandes cantidades y no de los pequeños distribuidores, aunque sean de mucho valor añadido.

Encuéntrame un Mac

Uno de los problemas que ahora tiene Apple en España es lo complicado que resulta comprar el Mac que uno quiere sin tener que esperar mes y medio. De acuerdo, si vas a un Apple Centre y pides la máquina que tienen en el mostrador, seguro que te la llevas, pero si quieres una configuración determinada y resulta que es de las “novedosas y populares”, prepárate a esperar. Es fácil entender que para mantener una mejor estructura de costes, hay que renunciar a algunas ventas, lo que llaman “nivel de servicio” los expertos en logística. Sin embargo, a pesar del excelente momento que vive, Apple no puede permitirse derrochar potenciales clientes con tanta alegría. Por suerte todavía hay algunos dispuestos a esperar.