Resulta muy triste, pero es un hecho innegable que las nuevas tecnologías fuerzan la desaparición de muchas herramientas, formas de actuar, costumbres y en general elementos de la vida que pasan de ser actuales para convertirse en caducos.

Indudablemente los elementos que se van al pasado lo hacen porque surge algo más eficaz para sustituirlo, pero si bien en muchas ocasiones (en la mayoría probablemente) estos elementos desfasados no dan ninguna pena, hay ocasiones en las que estos elementos se recuerdan con nostalgia y algunas personas (pocas) se empeñan en utilizarlos, en parte por nostalgia pero también porque no han perdido toda su utilidad.

La informática es culpable de muchas de estas jubilaciones, y nosotros sus usuarios somos los verdugos de estas muertes. Ya que no vamos a recuperarlos del pasado, tampoco es realmente interesante hacerlo, al menos sirva esta columna como homenaje póstumo a estos elementos.

La máquina de escribir. Símbolo de toda una era, durante muchos años fue el eje central de las oficinas y un regalo que algunos estudiantes afortunados podían disfrutar.

El día que descubrí el anuncio de la muerte de la máquina de escribir fue hace casi veinte años. En la empresa en la que trabajaba (era mi primer trabajo) se fue la luz y súbitamente todos nos encontramos sin poder trabajar. Era una empresa de informática y por supuesto los programadores y el servicio técnico no podíamos hacer nada sin electricidad, pero en el departamento de administración tampoco se podía hacer ningún trabajo, ya que semanas antes el último trabajo que le quedaba a las máquinas de escribir (rellenar letras y talones) había sido sustituido por un sencillo programa en un ordenador y una impresora de margarita.

Probablemente la máquina de escribir fue el primer caido en nombre de la revolución informática, pero muchos le siguieron.

El correo. Un elemento no tangible que ha disminuido su presencia de forma aterradora ha sido el correo convencional de papel, sobre y sello. Por supuesto que es más lento e incómodo pero tiene también sus ventajas.

La facilidad de escritura que representa el correo electrónico hace que muchas personas escriban y envíen mensajes sin pensar dos veces lo que ponen, sin releer sus textos y, evidentemente, cometiendo muchos errores, no sólo de ortografía, también de contenidos, diciendo lo que no quieren decir o permitiendo que su boca (en este caso sus dedos) actue antes de que lo haga su cerebro.

Con el correo convencional, el usuario tiene tiempo de escribir, pensar, releer e incluso meditar y cambiar de opinión.

Multimedia. No, no es broma. La multimedia también existía antes de los ordenadores, aunque de otra forma y yo, en lugar de convertir mis CD a MP3 para poderlos llevar y oír fácilmente en el metro y en el tren, grababa compilaciones de mis discos a cinta para llevarlas en mi Walkman también en el metro o en el autobús.

Precisamente este Walkman, el invento de Akio Morita de Sony, está pasando a la galería de difuntos ilustres y su puesto ha sido ocupado por los reproductores de CD aunque estos ceden sitio en parte a los reproductores MP3 en sus diversas variantes, desde los de tarjeta de memoria, hasta los de disco duro como el iPod de Apple, pasando por los de CD, probablemente los más populares debido a su precio y versatilidad.

Y qué decir de las cámaras y proyectores de cine de ocho milímetros, rápidamente sustituidos por las cámaras de vídeo que en su primera encarnación exigían de una considerable fuerza física para transportarlas. Pero estas y también muchas de sus sucesoras desaparecieron víctimas del progreso y en la actualidad las últimas cámaras de vídeo analógicas sobreviven gracias a la diferencia de precio con los modelos digitales. Y por último las cámaras fotográficas. Todavía le queda mucha vida a la fotografía convencional, con sus rollos de 35 milímetros, sobre todo en los ámbitos profesionales, pero desde luego que la gente que quiere divertirse con estas herramientas no se compra como antaño una ampliadora, los tambores de revelado y los líquidos. Un buen Mac y un programa de retoque fotográfico dan más potencia y son más cómodos y sencillos de manejar.

La agenda. Pero para mi, la mayor tristeza por su desaparición la ha causado la agenda de mano. Todavía se venden, pero encontrar alguien que la use es cada vez más difícil. Las Time System, Day Runner y otros modelos de agendas que constituían sofisticadas herramientas de trabajo han sucumbido ante el empuje de Lotus Organizer, Microsoft Outlook o en el mundo Macintosh, Palm Desktop y Entourage. Y para las personas en movimiento, los PDA, con Palm a la cabeza, han terminado de borrar los últimos vestigios de las agendas.

Aunque ninguna de estas herramientas que he comentado tenga la elegancia de una agenda abierta encima de una mesa de trabajo, con sus hojas de día a la vista o semana a la vista llenas de notas y que incluso con tachones dan aspecto de organización. Probablemente sean tiempos mejores, pero puede que no tan bellos ni que inciten al esparcimiento y la contemplación.