Existió una época en la que “vida social” se refería a salir con los amigos a cenar, a ir al cine o a tomar unas copas, pero hace tiempo que ha adquirido un significado más técnico y soso. Estoy hablando de las herramientas sociales surgidas en pocos años en torno de Internet, herramientas que llegan a un nivel de control de la persona, control al que curiosamente los usuarios nos sometemos de buen grado pero que si viniera impuesto por el gobierno nos rebelaríamos.

En primer lugar me creé una cuenta de chat, pero naturalmente tenerla desconectada la mayor parte del tiempo no era útil, así que tengo el cliente Adium (www.adiumx.com) encendido la mayor parte del tiempo y eso significa que mis contactos pueden interrumpirme en cualquier momento. Podría apagarlo cuando el trabajo me agobiara, pero significaría perder alguna charla interesante.

Seguidamente llegaron los blogs. Como diversión creé un blog donde de vez en cuando y sin orden ni concierto fui publicando las cosas que me pasaban en la vida, llamémosle mi blog personal, y lo albergué en mi propio servidor aunque con el tiempo lo mudé a Blogger, el servicio de blogs de Google.

Poco después recibí una invitación a LinkedIn (www.linkedin.com), una red de contactos profesionales. Básicamente estableces relaciones con amigos y conocidos vas conociendo a otras personas conocidas de tus amigos y así sucesivamente se crea una tela de araña. Incluso puedes asociarte a grupos profesionales en los que, según dicen, recibes muchas ofertas de trabajo, y digo “según dicen” porque realmente no he tenido tiempo ni ganas para ponerme a explorar todas las posibilidades de esta red.

Otra red similar era Neurona, comprada hace unos meses por Xing (www.xing.com) (parece ser que en Internet el dinero no se obtiene de manejar un negocio, sino de crearlo, darle nombre y venderlo a otra empresa) y con el mismo propósito y funcionamiento. Naturalmente, también tengo conocidos en esta red, es más mucha gente está en ambas para no perderse ninguna oportunidad, y me tuve que dar de alta en ella para no desagradar a estos amigos y también para ver de qué se trataba.

Poco después apareció Twitter (http://twitter.com), sin duda la red de moda. Muchos la definen como una red de microblogs; una vez dado de alta puedes publicar textos de hasta 160 caracteres (de ahí lo de micro) que los demás usuarios pueden leer. Además puedes añadir los nombres de otros usuarios de la red a tu lista de interés y verás los mensajes de todos ellos agrupados en una lista y de la misma forma ellos te pueden agrupar en su lista y ver tus mensajes.

Aunque la interfaz básica es mediante una página web, han surgido clientes para diversas plataformas incluyendo Twitterrific para Macintosh que te muestra en una panel flotante y de forma casi instantánea los mensajes publicados por todos estos usuarios a los que sigues y que te permite publicar los tuyos; es decir vida social omnipresente.

También han surgido, como no, clientes de Twitter para el iPhone. El que uso yo, Twittelator, no sólo te muestra los mensajes de tus amigos, además te permite crear el tuyo y añadirle una foto y lo que es mucho más agobiante, asociar tu posición (obtenida del GPS de tu iPhone) para que todo el mundo sepa donde estaba en ese momento.

¡Ya basta! pensé después de darme de alta en Twitter, ya no necesito ninguna red social más. Pero entonces me avisaron de Macworld que habían creado un grupo de blogs y que si quería participar contando cosas de Mac. ¿Como negarse?, así que ahora tengo dos blogs, uno personal en el que cuento todas las cosas que me pasan y también en Macworld, donde se pueden leer mis comentarios sobre este mundo junto con los de otros componentes de la redacción (http://blog.idg.es/macworld).

He logrado convivir con esta situación durante unos meses, pero hace pocos días en una comida con unos colegas del trabajo me comentaron que estaban dados de alta en Facebook, y que había muchos otros compañeros suscritos también a este servidor en el que se comparten vídeos, comentarios, etc. Aun así, me resistí, pero anoche en otra cena, es decir en vida social de verdad, mis amigos me volvieron a comentar lo mismo, que estaban en Facebook y me invitaron a apuntarme.

Me estoy resistiendo, pero me temo que acabaré cayendo y me crearé una cuenta. Así tendré otra obligación adicional, subir mis fotos y demás elementos a mi página de Facebook.

Mis hijos tienen intereses parecidos aunque tienen una red social más exclusiva que las mías, Tuenti (www.tuenti.com), una red social al estilo Facebook pero para jóvenes y en la que sólo se puede entrar por invitación de quienes ya esté en la red.

Sinceramente estas redes sociales me atraían al principio pero me están empezando a agobiar considerablemente porque consumen una parte importante de mi tiempo y no me permiten disfrutar de la vida social de verdad, porque aunque en el iPhone hay una cerveza virtual (iBeer), no hay nada como la vida social de verdad, una buena cena con una cerveza real y una charla amigable.

Para terminar y si todavía te falta algún regalo por comprar (mira en qué fechas estamos...), te voy a recomendar un buen libro: La Ultima Lección de Randy Pausch, editorial Grijalbo.

Randy Paush era un profesor de la universidad americana Carnegie Mellon al que diagnosticaron un cancer terminal. Meses antes de su muerte dio una clase magistral en la que comentó su visión sobre la vida. Esa clase magistral la puedes ver con subtítulos en español en Google vídeos (http://tinyurl.com/5bcrgw) y la versión ampliada publicada en forma del libro comentado.