La “tarifa plana” se ha convertido en el gran mito de nuestra sociedad tecnoinformatizada. Por lo visto tener tarifa plana es el no va plus, incluso un grupo editorial ha organizado unas conferencias cuyo título empieza por “La tarifa plana: nuevas necesidades...”.

Pero lo cierto es que la tarifa plana per se no representa el ansiado futuro de la “Internét para todos”. Por supuesto que para muchas personas es un avance fundamental al permitir reducir el coste de este servicio, pero esto es sólo un primer paso.

Reconozco que me he convertido en una persona cómoda y el hecho de estar destinado en un operador de telecomunicaciones con una conexión de alta velocidad a Internet me ha malcriado, pero sólo de pensar que para descargar mi correo tengo que encender el módem, comprobar que nadie está hablando por teléfono, poner en marcha el dialer o marcador correspondiente y esperar largos segundos mientras los dos aparatos establecen su conversación particular: “piii-pooo-brrr-pii-brrr-piiii-brrr-piii-bzzz” se me convierte en algo casi peor que sacar a pasear al perro (será por eso que no tengo perro).

La línea RDSI, un gran avance. Un acceso básico son “dos líneas”, así que puedo hablar por teléfono (o mi mujer, o mi hijo) y a la vez estar conectado a Internet. Además al ser comunicación digital, nada de pitidos y otras alteraciones acústicas y en décimas de segundo el router ha llamado y estoy conectado a Internet, casi una sensación de conexión permanente. Y digo “casi” porque evidentemente la conexión sólo está establecida cuando yo intento acceder a algún servicio. No puedo instalar un servidor web, de correo o de otras gaitas. Además tengo tarifa “plana” (aunque da gusto ver como reinventan el diccionario las operadoras ya que más que plana parece escalonada) y no me sale demasiado caro.

Los 64 Kilobits por segundo que da este método son... escasos. Sin ir más lejos este fin de semana quería enseñarle a un amigo alguno de los trailers de películas que se pueden ver en www.apple.com /quicktime (y por cierto, si alguien de Apple me lee, no estaría nada mal que el enlace de trailers de la página española de Apple condujera a trailers en español y no a los americanos) y quería hacerlo bien, nada de formato de sellos de correos, sino un tamaño visible.

Pusimos a descargar la película, cenamos, estuvimos de charla, se fue mi amigo y entonces me acorde del trailer: finalmente había terminado de recibirse. Lo he guardado por si mi amigo vuelve el fin de semana que viene.

ADSL es un avance importante. En primer lugar es una tarifa plana de verdad, las 24 horas del día y los siete días a la semana. Además, en teoría, es posible configurar su equipo para que actúe de servidor y pueda mostrar sus páginas personales al mundo (para eso incluyen todos los ordenadores un servidor web personal) pero la mayoría de las compañías telefónicas imponen filtros para intentar evitar esto, aunque se trate de poner puertas al campo y además estas mismas compañías no comprenden que el tráfico que puedan generar las mencionadas páginas personales es muy inferior al ocasionado por otros servicios, ya sean juegos en línea, la escucha de radio por Internet, la descarga de trailers de películas, etc. (y eso que sólo me refiero a usos legales).

Sin embargo la supuesta banda ancha de estas líneas ADSL se queda algo estrecha para algunos gordos consumidores. En primer lugar casi todos los anuncios de este servicio hablan de dos Megabits por segundo (ojo, megabits y no megabytes) pero este ancho de banda es el caro. El que usted y yo, meros mortales, podemos contratar para casa son sólo 256 Kilobits, y además este valor sólo es válido desde Internet hacia usted, es decir si se descarga algo, pero de usted a Internet (si monta un servidor) es menor, y además no le aseguran ese ancho de banda, ya que hacen una agregación de uno a diez, lo que en términos profanos viene a significar que en horario de máximo uso es posible que a usted sólo le den la décima parte de dicho ancho de banda, 25 kilobits por segundo.

Con todas estas restricciones no es extraño que el anuncio de Telefónica en el que aparece un chico descargándose páginas y películas a velocidad de vértigo suene a falso. Si intenta bajarse el trailer mencionado antes, es posible que lo pueda ver antes de la cena, pero sin duda alguna tendrá que tomarse una cerveza mientras espera.

Banda ancha

Porque banda ancha, de verdad, actualmente es lo que venden las grandes operadores de comunicaciones a los ISP y éstos revenden a los usuarios finales. Poder hacer clic en un trailer (en el botón “large”, nada de los tamaños enanos del “small”) y que la película se ponga en marcha al cabo de unos segundos es una sensación cercana a la que se siente cuando se compra un nuevo ordenador y se descubre lo que es “velocidad”.

Pero conseguir esto, para los pobres mortales, es algo que hoy es imposible. En un futuro llegará, de la mano de la ingeniería, ampliación de anchos de banda y soluciones innovadoras como servidores caché distribuidos del estilo de Akamai (www.akamai.com). Mientras tanto, usemos una Internet con régimen de adelgazamiento.