Mi trayectoria profesional durante los últimos dos lustros ha estado vinculada a Adobe Systems, y con ella he vivido la apasionante y vertiginosa evolución tecnológica y empresarial que han sufrido los diversos sectores en los que Adobe ha desarrollado su actividad en nuestro país: desde el sector editorial, pasando por las agencias de publicidad, las empresas de servicios de preimpresión y fotomecánicas, los diseñadores gráficos, los periódicos, las productoras de vídeo y los creadores gráficos multimedia y desarrolladores Web.

Recientemente, coincidiendo con el lanzamiento de Acrobat eBook Reader en castellano, he retomado el pulso de forma más directa al sector editorial español, un sector que ha sabido enfrentarse y superar con ejemplar maestría los nuevos retos tecnológicos de los últimos años. Sin embargo, la aparición en escena de Internet y en especial las nuevas posibilidades de distribución de contenidos que supone, plantea nuevas incógnitas, temores y recelos pero también (y lo he podido constatar directamente con muchos directivos de editoriales españolas) muchas esperanzas e ilusiones a un sector cada vez más acostumbrado al cambio constante.

Durante los últimos años, un número creciente de pequeñas editoriales tradicionales y electrónicas en español han venido realizando una destacable labor de evangelización, editando centenares de libros y acercando al público a los nuevos soportes y productos digitales. Sin embargo, hasta la fecha, la repercusión en sus cuentas de resultados ha sido relativamente escasa, nada comparado con el fenómeno análogo musical en formato MP3.

Muchas editoriales han optado por publicar breves extractos de sus obras en formato eBook (predominantemente en formato PDF) como una forma más de promover sus ventas en soporte papel, y algunas experimentando con libros descatalogados o “clásicos” no sujetos a pagos de royalties.

Las grandes editoriales españolas no han saltado a la escena hasta hace muy poco (las que lo han hecho). Recelaban del medio digital y en especial de las repercusiones que podía conllevar con su canal de distribución tradicional. Los lectores españoles tampoco hemos ayudado demasiado, desconfiando más que nadie de los sistemas de pago a través de la Web. Y finalmente, los autores de renombre en español, cuya colaboración resulta imprescindible, se mostraron reacios, más atentos a sus bolsillos (royalties) que a la propagación de su obra.

Ahora, con el progresivo apoyo de las primeras empresas del país y la entrada en la escena digital de grandes grupos como Planeta y Ediciones B el panorama puede empezar a cambiar. Ingredientes, que mezclados con autores de renombre: Arturo Pérez-Reverte, José María Mendiluce, Terenci Moix, Vázquez-Figueroa, Zoe Valdés o F. Ibáñez darán un nuevo impulso en la universalización de los eBooks en lengua española, y a mi entender aportarán indirectamente un gran apoyo a las pequeñas editoriales electrónicas y tradicionales, que llevan años editando obras de autores noveles o menos reconocidos. Una vez más, la oferta ayudará a estimular la demanda.

Sin embargo, sólo una pequeña parte del mercado de libros está condenada a ser consumida digitalmente. Las predicciones de expertos analistas indican que menos del 3% del total de libros vendidos en el 2.005 lo será en formato digital, por tanto seguiremos comprando y consumiendo mayoritariamente en papel. Y aquí es donde justamente creo que se abren nuevas oportunidades de negocio para el sector editorial. Los lectores terminaremos premiando a las editoriales con más imaginación y a las que aporten más flexibilidad y opciones. Como sucede con los periódicos y revistas en la Red, las editoriales no tienen por qué limitarse a convertir los libros existentes en papel y ofrecerlos digitalmente, sino que deben apostar por el desarrollo de productos específicos para este nuevo formato y medio.

Algunos ejemplos que se me ocurren serían los libros destinados al público joven o al lector medio español (no muy amante de la lectura comparado con la media europea, por cierto) que conceden preferencia a la imagen sobre el texto, y por tanto el formato digital puede ser mucho más atractivo para ellos. Estoy apuntando aquí la posibilidad de editar obras distintas a las del formato papel, que por supuesto incurriría en costes adicionales de producción y por tanto en riesgos que las editoriales deberían asumir. Continuando con el ejemplo, la última novela de Pérez-Reverte tendría su versión en libro tradicional, su versión eBook idéntica al libro impreso (especialmente útil para lectores que no tengan acceso al canal de distribución habitual) y la versión específica para eBooks (con más contenido gráfico o con contenidos diferenciados, por ejemplo con películas de vídeo incorporado.)

Tal y como he apuntado anteriormente, el sector editorial español ha sabido superar con pericia los desafíos tecnológicos más recientes y estoy seguro que será capaz de encontrar fórmulas originales para rentabilizar las inversiones en nuevas tecnologías, hallando nuevas oportunidades de negocio en la Web.

Quiero desde esta “tribuna abierta” dar la bienvenida a un nuevo proyecto editorial español, liderado por Ediciones Be implementado por Publidisa, que aportará una nueva dimensión popular a los eBooks, con el lanzamiento de “Mortadelo y Filemón” de F. Ibáñez en formato electrónico. Accesible desde www.todoebook.com. las aventuras de estos dos entrañables personajes me ha permitido disfrutar en compañía de mis dos hijos una nueva y divertida experiencia digital.

Por Miquel Bada, Director de Marketing de Adobe Systems Ibérica