Primer mes del año 2002, capicua y suma cuatro. No es que estos detalles matemáticos signifiquen nada en sí mismos, pero he de reconocer que todavía no me he acostumbrado a estar en el siglo XXI y cuando pensar en el año 2001 es algo a lo que no me he acostumbrado, el 2002 se me empieza a atragantar.

Resulta asombroso descubrir como pasan los años. Por ejemplo, el Macintosh ya tiene 18 años de edad y hasta este año, que ha aparecido Mac OS X, la apariencia ha sido la misma. Los menús, las ventanas, los iconos no han sufrido cambios espectaculares. Por supuesto, que ha habido modificaciones de la interfaz; algunas estéticas como es la utilización de color en estos elementos y otras de funcionamiento interno como la multitarea y el soporte de nuevo hardware. Pero a pesar de eso, el usuario típico no tenía que aprender a manejar una nueva interfaz y el proceso de asimilación de nueva tecnología era muy sencillo.

Mac OS X es el mayor reto que un usuario de Macintosh se ha encontrado en mucho tiempo y eso se nota en los foros y listas de correos donde existen grandes discusiones (amistosas, eso sí) acerca de las virtudes y defectos de este nuevo sistema. Sin embargo, todos ellos están de acuerdo en que Mac OS X es el sistema del futuro y la principal discusión es ponerle mes y día a ese “futuro”. Por mi parte ya trabajo al noventa y nueve por cien en entorno Mac OS X y sólo utilizo el entorno Classic para determinadas aplicaciones de compresión de vídeo (ya que algunos codificadores divx sólo funcionan en entorno Classic) e incluso para mi trabajo en comunicaciones Mac OS X está mucho mejor equipado.

Chaparrón de la información

Sin embargo creo que existe un elemento introducido recientemente en esta sociedad que ha representado un cambio aterrador de nuestra forma de trabajar. Se trata, por supuesto, de Internet.

El compendio de información que Internet pone al alcance de muchas personas se ha convertido en el tópico conocido como “autopista de la información”, pero si una autopista representa una facilidad de uso y rapidez para llegar a un objetivo, Internet se muestra en muchos casos como lo opuesto. En realidad llega a ser un chaparrón de la información en el que el usuario se ve constantemente bombardeado por información y le resulta más difícil seleccionar entre dicho bombardeo lo que más le interesa que poder usar los programas en sí.

Incluso las páginas en teoría tan escasas como las que anuncian novedades de programas para Macintosh se han convertido en multitud y cada usuario compara y elige la que más se adapta a sus gustos, pero cada día aparecen decenas de programas (ya sean nuevos o actualizaciones de los ya existentes, y resulta imposible probarlos todos).

En mi programa de correo tengo una carpeta denominada “Enlaces” en la que voy insertando todos los correos que me llegan con direcciones de páginas con información interesante, con la vana esperanza de poder leer algún día todos esos documentos, aunque estoy convencido de que este chaparrón me ha sobrepasado ampliamente.

No se trata sólo de un exceso de información interesante, también es su velocidad de renovación. No he acabado de leer un documento técnico cuando ya ha aparecido otro más reciente que mejora, amplía o corrige al anterior. Para un profesional de la informática y las comunicaciones esto representa un escollo más, ya que obliga a intentar constantemente estar al día, sin conseguirlo.

zip, sit, gz

Relacionado con este chaparrón de la información está el ansia compresora, necesaria para guardar y transmitir todos estos volumenes de información.

Los nuevos protocolos están destinados, por encima de todo, a comprimir la música, las imágenes y cualquier otro tipo de información de gran tamaño. Y estos protocolos, MP3, Divx, ponderan sobre todo la capacidad de comprimir sobre la calidad. Los puristas de la música desprecian el formato MP3 debido a que es un protocolo de compresión que pierde parte de la información (al igual que sucede con otro mas usado, el JPEG) y por tanto si se comprime y descomprime un archivo, una canción en este caso, el resultado es distinto que el original.

Para los oídos normales las diferencias pueden ser indetectables, al menos para los míos, pero es mucho más grave la situación si se mira con ojos imparciales una película comprimida con Divx. Lo que un usuario ilusionado define como una calidad maravillosa se convierte en una imagen terriblemente pixelada en la que el cielo, en lugar de ser de un azul brillante y liso parece la pared de azulejos de una cocina... y ese es el concepto de maravilloso, simplemente porque la película cabe en un CD.

Pero lo último, guay del paraguay, son los minidivx, películas comprimidas con el mismo formato pero de pequeño tamaño para poder descargarlas en el ordenador y visualizarlas en una esquina de la pantalla mientras (supuestamente) se trabaja.

Y es que vivimos en una época en la que se comprime hasta el tiempo, donde el ocio está compartimentado y reducido a intervalos pequeños, los libros cuanto mas pequeños mejor y la música y las películas. Afortunadamente existen remansos de paz donde los móviles no tienen cobertura, Internet es algo que se oye en la radio y en la televisión se ve la primera como mucho.

En esos sitios, que mucha gente los considera alejados de la civilización, la naturaleza no está comprimida y es posible y saludable sentarse durante cuatro horas a ver fluir el agua de un río.

Hágame caso, si puede deje un par de días el móvil en casa, olvide el portátil y sus películas comprimidas, sus DVD y su discografía en MP3 con más canciones de las que podrá oír en toda su vida y huya a la naturaleza. Aunque esto parezca un anuncio de una comunidad autónoma, descubrirá el dicho que está de moda entre los tecnoadictos “Get a life, man” o en castellano: “Búscate una vida, hombre”.