Se da cuenta lo que ha evolucionado la principal compañía telefónica de este país desde que surgió la competencia? Hace apenas diez años éramos felices teniendo un teléfono por el que se pudiera llamar sin que hubiera muchos ruidos. Ahora cada abonado dispone de un increíble abanico de servicios: buzón de voz, conferencia a tres, llamada en espera, transferencia de llamadas y muchos más.

Hablando seriamente, ¿piensa que Telefónica ha modernizado todas las centrales en tan corto espacio de tiempo para dar esos servicios? Si es así puede considerarse ingenuo, esa modernización no es posible no sólo por coste, tampoco por recursos humanos ni técnicos. La verdad es que en gran parte de la red, estas opciones llevan disponibles muchos años pero, y esto es lo sangrante, sólo han salido a la luz cuando un director de márketing (o comercial o como lo quieran llamar) ha decidido que resultaba interesante ofrecerlo para luchar contra la competencia.

Por desgracia este no es un caso único, el mundo está cubierto de ejemplos similares en los que avances tecnológicos para el consumidor se guardan como si se tratara del Arca Perdida hasta que “llega su momento”. Las razones para ello son múltiples y algunas hasta pueden considerarse legítimas. Basta recordar el caso de Osborne Computers, una de las empresas pioneras de la informática personal que fabricó lo que podría considerarse el primer ordenador portátil, aunque según los estándares actuales sería un monstruo. Aquella máquina tenía una pantalla miniatura de 64 caracteres de ancho (nada de gráficos) y una disquetera. Cuando felizmente anunciaron la aparición de un nuevo modelo superior, todavía tenían los almacenes llenos del producto antiguo, y los almacenes continuaron llenos porque los usuarios prefirieron esperar al nuevo producto. Tal fue la debacle comercial que la empresa quebró. Con estos antecedentes, ¿quién quiere repetir?

De igual modo, hay muchas soluciones tecnológicas que se ven en la actualidad como si fuera ciencia-ficción cuando sólo hace falta que un alto directivo firme un papel o, en el caso peor, que una empresa se atreva a poner el dinero para instalar el equipamiento técnico.

Este es el caso de un sueño de muchas personas que ya empieza a ser realidad en la costa de California: ¿Le gustaría ir viajando en tren con su portátil mientras lee y envía el correo o navega por Internet y todo a un precio razonable? Esto es lo que le ofrece la empresa Metricom a través de Ricochet (www.ricochet.net), un servicio inalámbrico similar al de los teléfonos móviles pero que en lugar de emplearse para conversaciones de voz permite que su portátil esté permanentemente conectado a Internet. Algo parecido están haciendo muchos proveedores de Internet americanos en pequeñas ciudades, ofreciendo MAN (Metropolian Area Networks) sin hilos de acceso a Internet sin necesidad de teléfono, sólo una pequeña tarjeta para su portátil y la tecnología empleada es la misma que emplea el nuevo iBook.

Claro que esto significaría en España que las compañías telefónicas empezaran a perder ingresos por las llamadas que hacemos para conectarnos a Internet, y eso no les gustaría.

Como setas

Si recuerdan el boom de los videoclubs y de los proveedores de Internet (640 según el último recuento), observará que se está produciendo algo similar con las compañías telefónicas. De tener “La compañía telefónica”, este país ha pasado a convertirse en el paraíso de ellas. Ahora puede llamar a cualquier 14xx para que cada empresa le ofrezca servicios de lo más variado. Es la moda del momento.

En telefonía existen tres tipos de licencias: el tipo C, que es la oferta de servicios de valor añadido (pero no telefonía) como hacen los proveedores de Internet y las empresas con números 906, el tipo B que es la que tienen Telefónica, Retevisión, Uni2 y otros pocos y les permite ofrecer todos los servicios de telefonía y hacer tendidos de cables por la calle. Por último la tarifa A es el gran chollo del siglo. Una empresa que se saca esta tarifa no tiene que poner cables (en realidad no puede), pero si ofrece servicios de telefonía, ya sea llamadas internacionales o interprovinciales, a un precio más bajo que Telefónica. La inversión que hay que hacer, relativamente, es muy poca y los beneficios que se pueden obtener son muy buenos, basta con contratar líneas de alta capacidad a Telefónica o Retevisión y utilizarlas de la forma más óptima para llamadas de voz.

Telefónica no puede bajar los precios de este tipo de llamadas (o lo hace poco a poco) porque la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones se lo prohíbe, para permitir que las nuevas empresas obtengan una cuota de mercado. La pregunta clave es, ¿a cuanto podría bajar sus tarifas Telefónica si le dejaran? La respuesta le puede dejar sorprendido ya que el coste se ha reducido en tal medida que es posible poner el precio de la llamada interprovincial a coste de metropolitana.

No, no hablo de ciencia-ficción. Una de las compañías con licencia de clase B está ofreciendo a diversas empresas (los particulares no interesamos, claro) el reencaminamiento de llamadas. Es decir sólo le pone conexión telefónica en una ciudad pero les da números en todas las ciudades importantes. Cuando usted llame a uno de estos números, la llamada será enviada a la ciudad donde la empresa tiene sus oficinas, pero el coste de la llamada será el de una local. Si una empresa vende este servicio, será porque aun así gana dinero. Naturalmente si Telefónica ofreciera esto se acabaría el negocio de Retevisión, Uni2 y otras nuevas telefónicas como “Alo, Usa Solutions”.

Esta posibilidad, y otras muchas, sólo serán realidad cuando a algún genio del márketing le interese.